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Nada de lo que el tío ni de lo que Bonis pudieran hacer en contra de ella podía darle causa para más rencores que aquello de haberla dejado estar a las puertas de la muerte . . . sin acompañarla al otro mundo ; esto , esto era lo que no perdonaría . . . y , sin embargo , ya se veía cómo disimulaba . ¡ Oh ! ¡ Pero qué chasco les iba a dar ! ¡ Qué gracia , cuando el tío se encontrase con que ella también gastaba a todo gastar , y que el caudal que él tenía de reserva , para robar más adelante ( para cuando su mujer , la alemana , por ejemplo , le diese chiquitines de Sebastián , era un decir ) había pasado , según la ley , a manos de los acreedores , al tendero de la esquina , al comerciante de los Porches , etcétera , etc . ! Sí , la vida todavía guardaba para ella un porvenir sustancioso ; ahora caía en la cuenta de que no había sido antes bastante egoísta . Mortificar a los demás y divertirse ella , de mil maneras desconocidas , todo lo posible , estas eran las dos fuentes de placer que quería agotar a grandes tragos ; dos fuentes que venían a ser una misma . Con la salud nueva sentía Emma esperanzas locas de no sabía qué deleites ; y a tanto llegó esta fuerza expansiva , que aquellos mismos placeres secretos de su retiro voluntario , llegaron a parecerla insuficientes , no saciaban su sed de emociones extrañas ; y , entonces , rompiendo la crisálida de su encerrona , determinó salir al mundo , no sin cautela , no sin disimulos , en busca de aventuras de que no había de dar cuenta a los parientes , procuradas entre misterios que las había de hacer más sabrosas . Una noche dormitaba Eufemia en el gabinete de su ama , dando cabezadas contra la pared , cuando tuvo que despertar sobresaltada por un golpe que sintió en un hombro ; era la mano de Emma , que la llamaba ; estaba la señorita en camisa , pálida como nunca , su respiración era anhelante , las narices se la ponían hinchadas , abriéndose como fuelles . — ¿ Qué hora es ? — preguntó con voz ronca . — Serán las diez , señorita . — Y llueve . Eufemia atendió al ruido de la calle . — Sí , llueve . — Vamos a salir . — ¡ A salir ! — Sí , tú calla . Anda , tráeme un vestido tuyo , de percal , y un mantón tuyo y un pañuelo . . . vamos las dos de artesanas . Vamos al teatro , a la cazuela . Hoy hacen la . . . no me acuerdo cómo se llama ; es una ópera nueva , muy buena , lo leí en el cartel al volver de misa , en la esquina del Ayuntamiento . Corre , vete por eso ; oye , tráeme aquel alfiler del pelo , el de cabeza de dublé , que te costó dos reales . Ninguno de esos tipos está en casa . . . . Vamos a correrla todos . . . . Conque . . . ¡ andando ! - X - Una mañana , muy temprano , Eufemia entró en la alcoba de Reyes , y le despertó diciendo : — La señorita llama , quiere que el señorito vaya a buscar a D . Basilio . — ¿ Al médico ? — gritó Bonis , sentándose de un brinco en la cama y restregándose los ojos hinchados por el sueño — . ¡ Al médico , tan temprano ! ¿ Qué hay , qué ocurre ?
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