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Todos le miraron entonces . Hablaba en broma seguramente , y , sin embargo , su gesto y el tono de su voz eran serios , como imponentes . Minghetti , inclinándose cómicamente , exclamó : — Quien manda , manda . . . . Obediencia al tirano . . . al futuro empresario forse . . . . Serafina , dando la espalda a los otros , en un momento que pudo aprovechar , miró fijamente a su querido , abrió mucho los ojos con expresión de burla cariñosa , que acabó con una mirada de fuego . Bonis tembló un poco por dentro al recibir la mirada , pero se hizo el desentendido y no sonrió siquiera . — ¡ A cantar , a cantar ! — dijo , fingiendo seguir la broma de su papel de déspota . Mochi se inclinó también , y Minghetti , después de una gran reverencia , se sentó al piano para acompañar el dúo de tenor y tiple con que empezaba la segunda parte . Nepomuceno se sentó junto a Marta , y Bonis muy cerca de su mujer , que respiraba con fuerza , absorbiendo dicha por boca y narices . Y mientras ella , sin pensar en que le tenía allí , devoraba con los ojos a la tiple y al barítono , Bonis paseaba la mirada triste , seria y tiernamente curiosa , del rostro pálido , ajado de su esposa , al vientre que una vez había engañado sus esperanzas ; y oyendo , sin comprenderla en aquel momento , la música romántica del dúo , se dijo entre dientes : — No importa . . . ; más vieja era Sara . - XIII - Terminó el concierto a la una de la madrugada , y como era costumbre en el pueblo , en vez de disolverse la reunión , se pusieron a bailar los jóvenes con el mayor ahínco , muy a placer de las señoritas , que sólo toleraban dos o tres horas de música con la esperanza de estar bailando otras dos o tres horas . Emma no pensó en retirarse mientras quedase allí alma viviente . En cuanto a Marta Körner , estaba demasiado ocupada para pensar en el tiempo . ¡ Íbale tanto en perseguir las fieras , es decir , en la caza mayor a que se había entregado en cuerpo y alma , que ya ni veía ni oía lo que estaba delante ; para ella no había en el mundo más que su D . Juan Nepomuceno , con sus grandes patillas ! Desde antes de terminar el concierto habían hecho rancho aparte , en un rincón de la sala ; y allí estaba la alemana enseñándole el alma , y un poco , bastante , de la blanquísima pechuga , al acaramelado mayordomo , futuro administrador de la fábrica de productos químicos . Körner , aunque muy metido en conversación con Mochi primero y después con el Gobernador militar y el Ingeniero jefe de caminos , vigilaba desde lejos , muy satisfecho de la conducta de su hija . Muy de corazón aplaudió la habilidad y delicadeza que demostró su digno vástago cuando uno , y dos y tres jóvenes de lo más distinguido de la sociedad , se acercaron a ella solicitando el favor de un vals o cosa parecida , y fueron cortés y fríamente despedidos por la robusta alemana , que no bailaba porque . . . aquí una disculpa torpemente zurcida , pero mal compuesta con toda intención .
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