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Rompía mucha loza y cristal , y buenas reprimendas le costaba ; pero tenía dotes de enfermero y de ayuda de cámara . Y también reconocía ella de buen grado , y pensando a veces en pasadas ilusiones , que a pesar de ser tan hábil en aquellos manejos , su marido no era afeminado de figura ni de gestos ; era suave , algo felino , podría decirse untuoso , pero todo en forma varonil . Aquel plegarse a todos los oficios íntimos de alcoba , a todas las complicaciones del capricho de la enferma , de las voluptuosidades tristes y tiernas de la convalecencia , parecían en Bonifacio , por lo que toca al aspecto material , no las aptitudes naturales de un hermafrodita beato o cominero , sino la romántica exageración de un amor quijotesco , aplicado a las menudencias de la intimidad conyugal . Emma seguía sintiéndose orgullosa del físico de su Bonis , como llamaba a Reyes ; y al verle ir y venir por la alcoba , siempre de agradable y noble catadura a pesar de los oficios humildes en que allí se empleaba , experimentaba la alegría íntima de la vanidad satisfecha . Mas antes la harían pedazos que dejase traslucir semejantes afectos , y cuanto más guapo , más esclavo quería al mísero escribiente de D . Diego , más humillado cuanto más airoso en su humillación . Reñir a Bonifacio llegó a ser su único consuelo ; no pudo prescindir ni de sus cuidados ni de pagárselos con chillerías y malos modos . ¿ Qué duda cabía que su Bonis había nacido para sufrirla y para cuidarla ? Sus pocos momentos de buen humor relativo los gastaba Emma en cultivar los resabios de sus pretéritas coqueterías ; todavía pretendía parecer bien a los parientes a quienes un día desdeñara ; un poco de romanticismo puramente fantástico , alambicado , enfermizo , era lo único que , en presencia de los Valcárcel , y sólo entonces , revelaba la existencia de un espíritu dentro de aquella flaca criatura pálida y arrugada : lo demás del tiempo , casi todo el día , parecía un animal rabiando , con el instinto de ir a morder siempre en el mismo sitio , en el ánimo apocado y calmoso del suave cónyuge . Bonifacio no era cobarde ; pero amaba la paz sobre todo ; lo que le daba mayor tormento en las injustas lucubraciones bilioso - nerviosas de su mujer , era el ruido . « Si todo eso me lo dijera por escrito , como hacía D . Diego cuando insultaba a la parte contraria o al inferior en papel sellado , yo mismo lo firmaría sin inconveniente » . Las voces , los gritos , eran los que le llegaban al alma , no los conceptos , como él decía . Había temporadas en que , después de los ordinarios servicios de la alcoba , para los que era irreemplazable el marido , Emma declaraba que no podía verlo delante , que el mayor favor que podía hacerla era marcharse , y no volver hasta la hora de tal o cual faena de la incumbencia exclusiva de Bonifacio . Entonces él veía el cielo abierto , tomando la puerta de la calle . - IV - Se iba a una tienda . Tenía tres o cuatro tertulias favoritas alrededor de sendos mostradores .
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