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Aquel día procuró , como siempre , atraer hacia sí la atención de las partes ( el tenor , la tiple , el barítono , el bajo y la contralto ) , y esto solía conseguirlo sonriendo discretamente cuando algún cantante le miraba por casualidad después de atacar con valentía una nota , o de hacer cualquier primor de garganta , o también después de decir un chiste . Mochi , el tenor bajo y gordo , era como una ardilla y hablaba más que un sacamuelas , pero en italiano cerrado , y con suma elegancia en los modales . Hablaba con el maestro director que se reía siempre , y Reyes , que no entendía a Mochi , pero que creía adivinarle , sonreía también . Como no había nadie más que él en calidad de mero espectador del ensayo , el tenor no tardó en notar su presencia y sus sonrisas , y al poco rato ya le consagraba a él , a Reyes , todos sus concetti . Tanto se lo agradeció Bonifacio , que al tiempo de levantarse para salir del palco deliberó consigo mismo si debía saludar al tenor con una ligera inclinación de cabeza . Miró Mochi a Reyes . . . y Reyes , poniéndose muy colorado , sacudió su hermosa cabellera con movimientos de maniquí , y se fue a su casa . . . impregnado del ideal . - V - Por la noche Emma le echó del seno del hogar por algunas horas , y Bonifacio volvió al ensayo . Ahora no estaba sólo en calidad de público ; en todas las faltriqueras había abonados , y en la de los tertulios de Cascos se destacaba la respetable personalidad del Gobernador militar , que honraba a aquellos señores aceptando un asiento en lo oscuro . Reyes se sentó en primera fila , y en cuanto Mochi miró hacia el palco , le saludó con el sombrero . No contestó el tenor por lo pronto , lo cual desconcertó al buen aficionado , principalmente por lo que pensarían sus amigos ; mas ¡ oh gloria inmortal , oh momento inolvidable ! , al lado de Mochi , frente a la cáscara del apuntador , había una mujer , una señora , con capota de terciopelo , debajo de la cual asomaban olas de cabello castaño claro y fino ; y aquella mujer , aquella señora que había notado el saludo de Reyes , tocó familiarmente con una mano enguantada en un hombro del tenor , y le debió de decir : — En aquel palco te han saludado . Ello fue que Mochi se volvió con rapidísimo gesto , vio a Reyes y se deshizo en cortesías . . . . En el palco todos envidiaron aquello , hasta el brigadier Gobernador militar de la provincia ; y más envidiaron la sonrisa con que la dama de la capota se atrevió a acompañar el saludo de Mochi , muy satisfecha , al parecer , de haberle advertido su distracción . Reyes encontró en sus ojos la mirada de la Gorgheggi — que no era otra la dama — y muchas veces , muchas , pensando después en aquel momento solemne de su vida , tuvo que confesarse que impresión más dulce ni tan fuerte no la había experimentado en toda su juventud , tan romántica por dentro . « Una mirada así — se dijo en aquel instante — , sólo puede tenerla una extranjera que sea además artista . ¡ Qué modestia en el atrevimiento , qué castidad en la osadía ! ¡ Qué inocente descaro , qué cándida coquetería ! . . . » .
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