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En cuanto a Reyes , al llegar al portal , donde trabajaba y comía un zapatero de viejo , tuvo varias ideas y un desmayo . Las ideas fueron las siguientes : « Ese farsante de ahí arriba me ha engañado , he debido tener valor para acogotarle , o , por lo menos , para decirle cuántas son cinco . Miente como un bellaco ; el tío Nepomuceno ha pagado porque este traidor no se fiaba de mí ; me conoció en la cara que yo no podía sacar de ninguna parte seis mil reales y se fue al otro . . . y cantó . . . Verdad es que yo no le había encargado el secreto . Pero se suponía que lo necesitaba ; debía de conocérseme en la cara ; y a él acudí por su fama de discreto , de hombre de mucho sigilo . . . . Voy a volver arriba a matarle , exprofeso . . . » . Y cuando pensaba en esto , fue cuando sintió absoluta necesidad de dejarse caer . Cayó sentado en el portal y se le fue la cabeza . El zapatero acudió en su auxilio . Cuando volvió en sí Reyes , sintió , como la noche anterior , que le regaban la cara con agua fresca . Y medio delirando , dijo : — Gracias . . . sola , sin azúcar . - VII - Dio expresivas muestras de gratitud al zapatero , que se ofreció a acompañarle a su casa y salió , sacando fuerzas de flaqueza , a paso largo , sin saber adónde iba . « Yo debía tirarme al río » , se dijo . Pero enseguida reflexionó que ni por aquella ciudad pasaba río alguno , ni él tenía vocación de suicida . Pasó junto al café de la Oliva , donde solía tomar Jerez con bizcochos algunos domingos , al volver de misa mayor , y el deseo de un albergue amigo le penetró el alma . Entró , subió al primer piso , que era donde se servía a los parroquianos . Se sentó en un rincón oscuro . No había consumidores . El mozo de aquella sala , que estaba afinando una guitarra , dejó el instrumento , limpió la mesa de Reyes y le preguntó si quería el Jerez y los bizcochos . — ¡ Qué bizcochos ! , no , amigo mío . Botillería , eso tomaría yo de buena gana . Tengo el gaznate hecho brasas . . . . El mozo sonrió compadeciendo la ignorancia del señorito . ¡ Botillería a aquellas horas ! — Ya ve usted . . . botillería a estas horas . . . . — Es verdad . . . es un . . . anacronismo . Además , el helado por la mañana hace daño . Tráeme un vaso de agua . . . y échale un poco de zarzaparrilla . Debe advertirse que Bonifacio y el mozo , al hablar de botillería , estaban pensando en el helado de fresa que allí , en el café de la Oliva , se hacía mejor que en el cielo , en opinión de todo el pueblo . Servido Reyes , el mozo volvió a su guitarra , y después de templarla a su gusto , la emprendió con la marcha fúnebre de Luis XVI . Al principio Bonis saboreaba la zarzaparrilla inocente sin oír siquiera la música . Pero la vocación es la vocación . Al poco rato « su espíritu se fue identificando con la guitarra » . La guitarra , para Bonis , era a los instrumentos de música lo que el gato a los animales domésticos . . . . El gato era el amigo más discreto , más dulce , más perezosamente mimoso . . . . la guitarra le acariciaba el alma con la suavidad de la piel de gato , que se deja rascar el lomo .
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