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Y eso que el muy taimado callaba como un bellaco . Ni una palabra le había dicho después de haber descubierto y pagado el préstamo famoso de D . Benito . Es claro que tampoco Bonis había abordado la cuestión ; en este particular estaba el escribiente como el condenado a muerte que , con los ojos tapados , aguarda el golpe del verdugo , y con gran sorpresa , pero sin perder el miedo , siente que el tiempo pasa y el golpe no llega . De otra manera también se figuraba su situación Reyes , fecundo siempre en alegorías y toda clase de representaciones fantásticas ; se figuraba que a sus pies había una gran mina , que él estaba seguro de que el fuego había prendido en la mecha . . . ¿ Por qué no venía el estallido ? ¿ Se había mojado la pólvora ? ¿ Se había mojado la mecha ? No ; él estaba convencido de que Nepomuceno estaba seco y bien seco ; sería que la mecha era más larga que él había pensado ; el fuego iba dando rodeos , pero el estallido vendría , ¡ no podía faltar ! Aun así , daba gracias a Dios por aquel plazo , que le permitía entregarse a su gran pasión sin complicaciones económicas , que todo lo hubieran aguado . Llegó Bonis al ensayo oliendo a agua de colonia , risueño y arrogante hasta el punto que él podía serlo . Gran algazara había en el escenario . Aquel día era de los de sol allí dentro , a pesar de que poca luz podía entrar hasta la escena y la sala por las puertas de los palcos y los ventiladores del techo ; el sol que vio allí Reyes era un sol moral ( quería decirse que todos estaban contentos ) ; Mochi había pagado y las rencillas habían concluido , o , por lo menos , quedaban escondidas ; el barítono embromaba a la contralto , el director de orquesta al bajo , Mochi a una señora del coro , y la Gorgheggi iba y venía repartiendo sonrisas y saludos con voz de pájaro ; para todos tenía inocentes coqueterías , agasajos de voz y de gesto : para los de la escena , para los señores de las bolsas o faltriqueras , y hasta para tal o cual músico que había desafinado o perdido el tiempo . Serafina , radiante , se lo perdonaba con una interjección o una inclinación de cabeza , y cargaba con la responsabilidad . Tal vez el director decía : « ¡ Cristo ! » y miraba con fingido enojo al trompa , y entonces ella encogía los hombros y mordía la punta de la lengua con picardía de colegiala , para decir enseguida , llena de abnegación : — Maestro , maestro . . . senti , non e'colpevole , questo signore , sono io . ¡ Qué música de voz ! ¡ Qué corazón ! , pensaba Bonis , que entraba en el palco de sus amigos . - VIII - En el café de la Oliva se dispuso cierta noche una cena para doce personas , en el comedor de arriba ; un cuarto oscuro que a los calaveras del pueblo y al amo del establecimiento les parecía muy reservado , y muy misterioso , y muy a propósito para orgías , como decían ellos .
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