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En aquella dulce y memorable sesión , que se prolongó hasta la una , quedó nuestro amor asentado y reconocido . Sin esfuerzo alguno comenzamos a tutearnos y nos prometimos fidelidad hasta la muerte , sucediese lo que sucediese . Por la calle no pasaba un alma . El sereno , desde que me viera arrimado a la reja , no se aproximaba . Manifesté temores de que enterase a D . ª Tula de nuestra conversación , pero Gloria me tranquilizó afirmando que en Sevilla nadie hacía traición a dos enamorados . Los serenos menos que ningún otro se fijaban en estos coloquios a la reja , que estaban viendo todas las noches . En las criadas también tenía confianza . Se nos presentaba , pues , una perspectiva de gratas conferencias , que me embriagaba de alegría . — Concluirán por saberlo más tarde o más temprano — dijo . — Pero ¿ qué ? Trabajo les mando si intentan llevarme la contraria . Y en sus ojos hermosos vi arder una chispa de travesura provocativa que me convenció , en efecto , de que no sería empresa fácil conducirla por caminos que ella no quisiera seguir . — Ya es tarde . Mamá madruga mucho a misa y querrá llevarme consigo . Vete . — Un poco más , salada . Aún no es media noche . — Sí , en la Giralda ha sonado ya la una . Adiós . — No ; han sido las doce y cuarto . . . El golpe lento y grave de la campana de la Giralda dio entonces la una y cuarto . — ¿ Lo oyes ? La una y cuarto . Adiós , adiós . — ¿ Y te marchas así , sin darme la mano ? Me la alargó , y yo , como es lógico , traté de besarla ; pero la retiró con fuerza . — No , eso no . Aguarda un poco , te daré el crucifijo , como en Marmolejo — repuso riendo . — Prefiero la mano . — ¡ Hereje , vete ! — Dios está en todas partes . Pero , en fin , si quieres darme el crucifijo , lo guardaré con cariño como un recuerdo . — Espérate un momentito . Tengo aquí el hábito . Se retiró un instante y volvió trayendo el crucifijo de bronce , que me pasó al través de las rejas . Al tomarlo me apoderé de aquella mano morena y firme y la besé cuantas veces pude con voraz glotonería . — ¡ Basta , chiquillo ! ¿ Crees que se va a concluir de aquí a mañana ? Me retiré de la reja con pena , ebrio de amor y de alegría . Tan mareado iba , que a los pocos pasos encontré al sereno y le di dos pesetas . Después me pesó , porque no había necesidad , según lo que Gloria me había dicho . Tampoco reparé esta vez si las estrellas centelleaban allá arriba con suave fulgor , ni si la luz de la luna se filtraba por el laberinto de calles oscuras , manchándolas aquí y allá con jirones de plata . Llevaba yo dentro del alma un sol radiante que me ofuscaba y me impedía observar tales menudencias . IX Hago amistad con un bendito señor . Recibí al día siguiente una carta de D . Sabino el capellán , invitándome a que pasara por su casa . Era para decirme , con mucho misterio , que Gloria había salido del convento . Le di las gracias por la noticia , y , haciéndome cargo de que esperaba algo más que esto , le pregunté si tenía intención de permanecer en el cargo que ocupaba , o si aspiraba a otro . Me confesó su ardiente deseo de un beneficio en la catedral . Le prometí escribir a mi tío , y en efecto , así lo hice . Por cierto que me contestó severamente , preguntándome si no creía que eran bastantes las cien recomendaciones que todos los días recibía , para que un sobrino viniese también a concluir con su paciencia . No le di cuenta , por supuesto , a D . Sabino de esta carta .
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