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La nubecilla pasó , y pronto fue todo claridad y luz en el cielo de aquellas dichas , ligeramente empañado . Pero Díaz quedó un poco triste . Con sus dulces carantoñas , quiso Tristana disipar aquella fugaz aprensión , y más mona y hechicera que nunca , le dijo : — ¡ Vaya , que reñir por una cosa tan remota , por lo que quizás no suceda ! Perdóname . No puedo remediarlo . Me salen ideas , como me podrían salir granos en la cara . ¿ Yo que culpa tengo ? Cuando menos se piensa , pienso cosas que no debe una pensar . . . Pero no hagas caso . Otra vez , coges un palito y me pegas . Considera esto como una enfermedad nerviosa o cerebral , que se corrige con unturas de vara de fresno . ¡ Qué tontería , afanarnos por lo que no existe , por lo que no sabemos si existirá , teniendo un presente tan fácil , tan bonito , para gozar de él ! XV Bonito , realmente bonito a no poder más era el presente , y Horacio se extasiaba en él , como si transportado se viera a un rincón de la eterna gloria . Mas era hombre de carácter grave , educado en la soledad meditabunda , y por costumbre medía y pesaba todas las cosas , previendo el desarrollo posible de los sucesos . No era de estos que fácilmente se embriagan con las alegrías , sin ver el reverso de ellas . Su claro entendimiento le permitía analizarse con observación segura , examinando bien su ser inmutable al través de los delirios o tempestades que en él se iban sucediendo . Lo primero que encontró en aquel análisis fue la seducción irresistible que la damita japonesa sobre él ejercía , fenómeno que en él era como una dulce enfermedad , de que no quería en ningún modo curarse . Consideraba imposible vivir sin sus gracias , sin sus monerías inenarrables , sin las mil formas fascinadoras que la divinidad tomaba en ella al humanizarse . Encantábale su modestia cuando humilde se mostraba , y su orgullo cuando se embravecía . Sus entusiasmos locos y sus desalientos o tristezas le enamoraban del mismo modo . Jovial , era deliciosa la niña ; enojada , también . Reunía un sin fin de dotes y cualidades , graves las unas , frívolas y mundanas las otras ; a veces su inteligencia juzgaba de todo con claro sentido , a veces con desvarío seductor . Sabía ser dulce y amarga , blanda y fresca como el agua , ardiente como el fuego , vaga y rumorosa como el aire . Inventaba travesuras donosas , vistiéndose con los trajes de los modelos , e improvisando monólogos , o comedias en que ella sola hacía dos o tres personajes ; pronunciaba discursos saladísimos ; remedaba a su viejo D . Lope ; y en suma , tales talentos y donaires iba sacando , que el buen Díaz , enamorado como un salvaje , pensaba que su amiguita compendiaba y resumía todos los dones concedidos a la naturaleza mortal . Pues en el ramo , si así puede llamarse , de la ternura , era la señorita de Reluz igualmente prodigiosa . Sabía expresar su cariño en términos siempre nuevos ; ser dulce sin empalagar , candorosa sin insulsez , atrevidilla sin asomos de corrupción , con la sinceridad siempre por delante , como la primera y más visible de sus infinitas gracias . Y Horacio , viendo además en ella algo que sintomatizaba el precioso mérito de la constancia , creía que la pasión duraría en ambos tanto como la vida , y aún más ; porque , como creyente sincero , no daba por extinguidos sus ideales en la oscuridad del morir .
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