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La resina que se convierte en ámbar
Los árboles no fabrican resina para que nosotros hagamos joyas. Según una publicación del Museo J. Paul Getty sobre ámbares antiguos, la resina protege a los árboles: tapa los huecos de la corteza, sella las heridas que dejan los insectos al masticarla y, gracias a sus propiedades antisépticas, los defiende de enfermedades. Además, es tan pegajosa que puede atascar las mandíbulas de los insectos que roen o perforan la madera.
Esa pegajosidad tiene otra consecuencia. Algunos insectos que vuelan o caminan cerca de la resina se quedan atrapados en ella. Así, el ámbar puede conservar criaturas voladoras y terrestres, restos de plantas, bacterias, hongos y pequeños animales. Algunas piezas contienen además gotas de agua y burbujas, que proceden de la descomposición química de materia orgánica. Entre las imágenes de la publicación aparece un caballito del diablo encerrado en ámbar de la República Dominicana.