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En la isla noruega de Spitsbergen , una entrada de hormigón sobresale de una ladera helada . Tras ella , un túnel penetra más de cien metros en la montaña . Allí funciona la Bóveda Global de Semillas de Svalbard , inaugurada el 26 de febrero de 2008 . La imagen invita a fantasear con una cápsula capaz de reiniciar la agricultura después de una catástrofe planetaria ; su funcionamiento real , sin embargo , es menos cinematográfico y más revelador . Lejos de ser un almacén abierto al público , la bóveda recibe duplicados de semillas que ya conserva algún banco de genes . Es , por tanto , una copia de seguridad de segundo nivel . El servicio es gratuito para los bancos participantes , y la temperatura de las cámaras se mantiene a 18 grados bajo cero . La roca y el frío ayudan a mantener las muestras a buen recaudo , pero el núcleo del sistema es jurídico e institucional . Las cajas permanecen en régimen de caja negra : cada depositante conserva la propiedad de sus semillas y solo puede retirarlas quien las depositó . Svalbard no se apropia del acervo genético ni decide cómo utilizarlo . Tampoco admite depósitos de particulares . Esta custodia restringida impide confundir una reserva compartida con una despensa disponible para cualquiera que sobreviva a una crisis . La selección biológica también desmiente la idea de un arca universal . La bóveda acepta semillas ortodoxas de plantas importantes para la alimentación y la agricultura , es decir , semillas que toleran el secado y la conservación a baja temperatura . Las de café , cacao , coco y mango son recalcitrantes y morirían en esas condiciones . Cultivos como la patata o el plátano exigen otras técnicas porque no producen semillas con regularidad . No todo el patrimonio agrícola cabe , literalmente , en una caja . El episodio que mejor explica la utilidad del sistema comenzó lejos del Ártico . En 2015 , el banco de genes de ICARDA en Alepo ya no podía operar a causa del conflicto sirio . El instituto solicitó entonces la primera retirada de la historia de la bóveda . Las muestras recuperadas sirvieron para establecer colecciones en Terbol , Líbano , y Rabat , Marruecos , donde pudieron multiplicarse de nuevo . Si un banco de genes llegara a perder su colección , Svalbard no sembraría campos por cuenta propia : devolvería los duplicados a la institución que los entregó . El caso de ICARDA muestra que la reserva funciona como un eslabón de una cadena de laboratorios , personal , financiación y acuerdos . Cada depositante vigila la viabilidad de su colección original y decide cuándo enviar nuevas semillas a la bóveda . La propia infraestructura ha tenido que aprender del riesgo . En octubre de 2016 , una lluvia intensa provocó una importante entrada de agua en la parte exterior del túnel de acceso . Las semillas no sufrieron daños , pero el incidente puso de manifiesto que el permafrost alrededor de la entrada no se había restablecido como estaba previsto . El Gobierno noruego financió una reforma terminada en 2019 , con un nuevo túnel de hormigón resistente al agua y un edificio separado para los equipos que desprenden calor .
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