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I . El destierro Esta es la historia de Rodrigo Díaz de Vivar , un hombre de Castilla a quien los castellanos llamaban el Cid . El poema lo llama « mio Cid » , que quiere decir « mi Cid » . Su fama fue tan grande que , años después de su muerte , los juglares todavía cantaban sus hazañas en las plazas y en los caminos . Un juglar , que no sabemos quién fue , compuso el poema hacia el año 1200 . Un hombre llamado Per Abbat lo copió en 1207 . Gracias a esa copia , el poema llegó hasta nosotros . Se llama el Cantar de mio Cid , y tiene tres partes : el destierro , las bodas y la afrenta de Corpes . Este libro cuenta esa historia con palabras sencillas . Empieza un día triste . Ese día , el Cid salió de su casa de Vivar , y lloraba . Miró atrás y vio las puertas abiertas y los palos vacíos donde antes descansaban sus halcones . Nadie cerró la casa , porque ya no vivía allí nadie . El rey Alfonso se había enfadado con el Cid . Unos enemigos habían hablado mal de él ante el rey . Decían cosas falsas , y el rey las creyó . Por eso mandó al Cid salir de Castilla . Le dio solo nueve días . El Cid no se quejó del rey . Miró al cielo y dijo : « Gracias , Señor Dios . Mis enemigos me han hecho este mal . » Con él iban unos sesenta hombres . Eran sus amigos y sus vasallos , y todos querían seguir a su señor . El más fiel era su primo Álvar Fáñez , a quien todos llamaban Minaya , una palabra que significa « mi hermano » . Cuando el Cid salió , una corneja voló a su derecha . Poco después otra voló a su izquierda , y los antiguos creían que eso era una señal . El Cid se encogió de hombros y sonrió . « Alegraos , Minaya » , dijo . « Nos echan de Castilla , pero un día volveremos con mucha honra . » Llegaron a Burgos , y allí había mucha gente . Hombres y mujeres miraban desde las puertas y las ventanas , y muchos lloraban . Todos decían lo mismo : « ¡ Qué buen vasallo es , y qué mal señor tiene ! » Pero nadie se atrevió a abrirle su casa . El rey había enviado cartas a toda la ciudad . En ellas decía que ayudar al Cid costaba muy caro : el vecino perdería su casa , sus bienes y hasta los ojos . Los vecinos tenían miedo . Cerraron sus puertas y se quedaron callados , sin mirarlo a los ojos . El Cid fue hasta la posada donde solía dormir . Estaba cerrada , y aunque llamó con fuerza , nadie contestó . Entonces se acercó una niña de nueve años . Se detuvo delante de su caballo y habló con voz clara . « Campeador , escúchame . El rey lo ha prohibido . Tiene aquí cartas con su sello , y nadie puede ayudarte . Si lo hacemos , perdemos nuestras casas y hasta los ojos . No ganarás nada con nuestro mal . Sigue tu camino , y que Dios te ayude . » La niña dijo esto y volvió corriendo a su casa . El Cid comprendió que Burgos no podía hacer nada por él . Dio las gracias a la niña con un gesto y no quiso obligar a nadie a ayudarlo . Un hombre honrado no hace daño a quien tiene miedo .
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