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« Coman como hermanos » , dijo , « que hay para todos » . Había un chico vasco que se llamaba Jurre . Ya no se acordaba de cómo se comía . Se llevó una corteza de pan a los ojos dos veces antes de encontrar la boca . La cena fue peor : unas pasas , unas almendras y dos bendiciones . « Cenar poco es muy sano » , decía Cabra . Aquella noche don Diego me preguntó cómo convencer a sus tripas de que habían comido . « Señor » , le dije , « ¿ sabe usted si estamos vivos ? Yo creo que nos mataron en la batalla de las verduras . Ahora somos almas en el purgatorio » . Más tarde , Cabra empezó a poner tocino en la olla . Lo metía en una caja de hierro con agujeros , para que diera un poco de sabor . Después le pareció mucho gasto y solo lo acercaba a la olla . Nosotros comíamos sospechas de jamón . Un mes después , don Diego y yo estábamos ya en los huesos . Para no levantarnos temprano , dijimos que estábamos enfermos de la tripa . Pensamos que Cabra no iba a gastar dinero en medicinas . Pero tenía una jeringa vieja de su padre . Llamó a una tía suya de setenta años para ponernos una lavativa . La vieja no veía bien y se la echó a don Diego por la espalda hasta el cuello . A mí me la quería poner a la fuerza , y yo se la tiré a la cara . Pasaron los meses . Al llegar otra vez la Cuaresma , un compañero cayó muy enfermo . Cabra no quiso llamar al médico para no gastar . Cuando por fin vino alguien , dijo que el chico se moría de hambre . Le trajeron la comunión . El pobre , al verla , dijo : « Señor , ha sido necesario verte entrar aquí . Solo así sé que esta casa no es el infierno » . El chico murió . Toda la ciudad habló del caso , y don Alonso se enteró . Vino a buscarnos y casi no nos reconoció . Nos llevaron a casa en dos sillas , como si fuéramos dos sombras . Los otros chicos nos miraban salir con mucha pena . En casa de don Alonso , los médicos mandaron que nadie hablara alto en nuestro cuarto . Teníamos el estómago tan vacío que las palabras hacían eco dentro . Tardamos cuarenta días en dar los primeros pasos . IV . La venta de Viveros Tres meses después , don Alonso decidió mandar a su hijo a estudiar a Alcalá . Me preguntó si quería ir con él , y yo dije que sí enseguida . Quería estar lejos de cualquier sitio donde se oyera el nombre de Cabra . Don Alonso nos dio también un mayordomo para cuidar de la casa y del dinero . Salimos en coche por la tarde . A medianoche llegamos a la venta de Viveros , que Dios maldiga . El ventero era un ladrón , y dentro había gente rara . Había dos rufianes con unas mujeres , un cura y un viejo rico y avaro . Este hacía como que dormía para no gastar en la cena . También había dos estudiantes pobres , con mucha hambre y mucha boca . Don Diego , que era nuevo en el mundo , pidió la cena .
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