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II BATALLA CAMPAL — Señor de Córdoba : la mañana en que murió mi bendita madre , y cuando , cediendo a ruegos de usted , me retiraba a mi aposento , después de haberla amortajado , por haberse empeñado usted en quedarse solo a velarla , con una piedad y una veneración que no olvidaré jamás . . . — ¡ Vamos , vamos , Angustias ! . . . — ¿ Quién dijo miedo ? — ¡ Cara feroz al enemigo ! — ¡ Tenga usted valor para sobreponerse a esas cosas ! — Sabe usted que no me ha faltado hasta hoy . . . — respondió la joven con mayor calma . — Pero no se trata ahora de esta pena , con la cual vivo y viviré perpetuamente en santa paz , y a cuyo dulce tormento no renunciaría por nada del mundo . . . Se trata de contrariedades de otra índole , en que por fortuna caben alteraciones , y que van a tener en seguida total remedio . . . — ¡ Quiéralo Dios ! — rezó el capitán , viendo cada vez más cerca el nublado . — Decía . . . — continuó Angustias — que aquella mañana me habló usted , sobre poco más o menos , así : " Hija mía . . . " — ¡ Hombre ! ¡ Qué cosas dice uno ! ¡ Yo la llamé a usted " hija mía " ! — Déjame proseguir , señor don Jorge . " Hija mía . . . — exclamó usted con una voz que me llegó al alma : — en nada tiene usted que pensar por ahora más que en llorar y en pedir a Dios por su madre . . . Sabe usted que he asistido a tan santa mujer en sus últimos momentos . . . Con este motivo , me ha enterado de todos sus asuntos y hecho entrega del dinero que poseía , para que yo corra con entierro , lutos y demás , como tutor de usted , que me ha nombrado privadamente , y para librarla de cuidados en los primeros días de su dolor . . . Cuando se tranquilice usted , ajustaremos cuentas . . . " — ¿ Y qué ? — interrumpió el Capitán , frunciendo muchísimo el entrecejo , como si , a fuerza de parecer terrible , quisiese cambiar la efectividad de las cosas . — ¿ No he cumplido bien tales encargos ? ¿ He hecho alguna locura ? ¿ Cree usted que he despilfarrado su herencia ? . . . ¿ No era justo costear entierro mayor a aquella ilustre señora ? O ¿ acaso le ha referido a usted ya algún chismoso que le he puesto en la sepultura una gran lápida con sus títulos de Generala y de Condesa ? Pues lo de la lápida ha sido capricho mío personal , y tenía pensado rogar a usted que me permitiera pagarla de mi dinero ! ¡ No he podido resistir a la tentación de proporcionar a mi noble amiga el gusto y la gala de usar entre los muertos los dictados que no le permitieron llevar los vivos !
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