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— Tan no nos reconocimos ( continuó la señá Frasquita ) , que los dos nos asustamos y salimos huyendo en direcciones contrarias . . . — ¡ Conque ya ves que yo no estaba en el molino ! — Si quieres saber ahora por qué encontraste al señor Corregidor en nuestra cama , tienta esas ropas que llevas puestas , y que todavía estarán húmedas , y te lo dirán mejor que yo . — ¡ Su Señoría se cayó en el caz del molino , y Garduña lo desnudó y lo acostó allí ! — Si quieres saber por qué abrí la puerta . . . , fue porque creí que eras tú el que se ahogaba y me llamaba a gritos . Y , en fin , si quieres saber lo del nombramiento . . . — Pero no tengo más que decir por la presente . Cuando estemos solos , te enteraré de ese y otros particulares . . . que no debo referir delante de esta señora . — ¡ Todo lo que ha dicho la señá Frasquita es la pura verdad ! — gritó el señor Juan López , deseando congraciarse con Doña Mercedes , visto que ella imperaba en el Corregimiento . — ¡ Todo ! ¡ Todo ! — añadió Toñuelo , siguiendo la corriente de su amo . — ¡ Hasta ahora . . . , todo ! — agregó el Corregidor , muy complacido de que las explicaciones de la navarra no hubieran ido más lejos . . . — ¡ Conque eres inocente ! ( exclamaba en tanto el tío Lucas , rindiéndose a la evidencia ) . — ¡ Frasquita mía , Frasquita de mi alma ! ¡ Perdóname la injusticia , y deja que te dé un abrazo ! . . . — Esa es harina de otro costal . . . ( contestó la Molinera , hurtando el cuerpo ) . — Antes de abrazarte , necesito oír tus explicaciones . . . — Yo las daré por él y por mí . . . — dijo Doña Mercedes . — ¡ Hace una hora que las estoy esperando ! — profirió el Corregidor , tratando de erguirse . — Pero no las daré ( continuó la Corregidora , volviendo la espalda desdeñosamente a su marido ) hasta que estos señores hayan descambiado vestimentas . . . ; y , aun entonces , se las daré tan sólo a quien merezca oírlas . — Vamos . . . Vamos a descambiar . . . ( díjole el murciano a D . Eugenio , alegrándose mucho de no haberlo asesinado , pero mirándolo todavía con un odio verdaderamente morisco ) . — ¡ El traje de Vuestra Señoría me ahoga ! ¡ He sido muy desgraciado mientras lo he tenido puesto ! . . . — ¡ Porque no lo entiendes ! ( respondiole el Corregidor ) . ¡ Yo estoy , en cambio , deseando ponérmelo , para ahorcarte a ti y a medio mundo , si no me satisfacen las exculpaciones de mi mujer ! La Corregidora , que oyó esta palabras , tranquilizó a la reunión con una suave sonrisa , propia de aquellos afanados ángeles cuyo ministerio es guardar a los hombres . XXXIV . También la corregidora es guapa Salido que hubieron de la sala el Corregidor y el tío Lucas , sentose de nuevo la Corregidora en el sofá ; colocó a su lado a la señá Frasquita , y , dirigiéndose a los domésticos y ministriles que obstruían la puerta , les dijo con afable sencillez : — ¡ Vaya , muchachos ! . . . Contad ahora vosotros a esta excelente mujer todo lo malo que sepáis de mí . Avanzó el cuarto estado , y diez voces quisieron hablar a un mismo tiempo ; pero el ama de leche , como la persona que más alas tenía en la casa , impuso silencio a los demás , y dijo de esta manera :
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