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Una tarde , sin que nadie lo hubiese previsto , despidiose el pintor para Villajoyosa , pues según dijo , su tía , que allá continuaba residiendo , se hallaba en peligro de muerte . Así era la verdad , y a los tres días de llegar el sobrino , doña Trini cerró las pesadas compuertas de sus ojos para no volverlas a abrir más . Poco después , a la entrada de otoño , cayó Díaz enfermo , aunque no de gravedad . Cruzáronse cartas amistosas entre él y Tristana , y el mismo D . Lope , las cuales en todo el año siguiente continuaron yendo y viniendo cada dos , cada tres semanas , por el mismo camino por donde antes corrían las incendiarias cartas de señó Juan y de Paquita de Rímini . Tristana escribía las suyas deprisa y corriendo , sin poner en ellas más que frases de cortés amistad . Por una de esas inspiraciones que llevan al ánimo un conocimiento profundo y certero de las cosas , la inválida creía firmemente , como se cree en la luz del sol , que no vería más a Horacio . Y así era , así fue . . . Una mañana de noviembre entró D . Lope con cara grave en el cuarto de la joven , y sin expresar alegría ni pena , como quien dice la cosa más natural del mundo , le soltó la noticia con este frío laconismo : — ¿ No sabes ? . . . Nuestro D . Horacio se casa . XXVIII Creyó notar el viejo galán que Tristana se desconcertaba al recibir el jicarazo ; pero tan rápidamente y con tanto tesón volvió sobre sí misma , que no le era fácil a D . Lepe conocer a ciencia cierta el estado de ánimo de su cautiva , después del acabamiento definitivo de sus locos amores . Como quien se arroja a un piélago tranquilo , zambullose la señorita en el maremagnum musical , y allí se pasaba las horas , ya sumergiéndose en lo profundo , ya saliendo graciosamente a la superficie , incomunicada realmente con todo lo humano , y procurando estarlo con algunas ideas propias que aún la atormentaban . A Horacio no le volvió a mentar , y aunque el pintor no cortó relaciones con ella , y alguna que otra vez escribía cartas amistosas , Garrido era el encargado de leerlas y contestarlas . Guardábase bien el viejo de hablar a la niña del que fue su adorador , y con toda su sagacidad y experiencia , nunca supo fijamente si la actitud triste y serena de Tristana ocultaba una desilusión , o el sentimiento de haberse equivocado profundamente al creerse desilusionada en los días de la vuelta de Horacio . ¿ Pero cómo había de saber esto D . Lope , si ella misma no lo sabía ? En las buenas tardes de invierno , salía a la calle en el carrito , que empujaba Saturna . La ausencia de toda presunción fue uno de los accidentes más característicos de aquella nueva metamorfosis de la señorita de Reluz : cuidaba poco de embellecer su persona ; ataviábase sencillamente con mantón y pañuelo de seda en la cabeza ; pero no perdió la costumbre de calzarse bien , y de continuo bregaba con el zapatero por si ajustaba con más o menos perfección la bota . . . única . ¡ Qué raro le parecía siempre el no calzarse más que un pie ! Transcurrirían los años sin que acostumbrarse pudiera a no ver en parte alguna la bota y el zapato del pie derecho .
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