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XIII . La miel silvestre : Un contador en la selva Tengo dos primos en Salto , en Uruguay . Hoy ya son hombres . A los doce años leyeron muchos libros de Julio Verne y se escaparon de casa . Querían vivir en el monte , de la caza y de la pesca . Pero se olvidaron de llevar escopetas y anzuelos . Al segundo día los encontraron , débiles y sorprendidos . Sus hermanos menores se asombraron mucho : los dos aventureros todavía caminaban en dos pies y sabían hablar . Quizás su aventura habría sido más seria en otro bosque . Aquí , en Misiones , en la selva del norte , las escapadas pueden terminar muy mal . Eso le pasó a Gabriel Benincasa , por el orgullo de sus botas nuevas . Gabriel terminó sus estudios de contador . Entonces tuvo de repente un gran deseo de conocer la vida de la selva . No era un hombre aventurero . Era un muchacho tranquilo , gordito , con la cara siempre rosada . Prefería un té con leche y pasteles a cualquier comida extraña del bosque . Pero hay solteros muy serios que , antes de casarse , quieren una noche loca con sus amigos . Del mismo modo , Gabriel quería vivir dos o tres aventuras fuertes . Por eso subía por el río Paraná hacia un obraje , con sus famosas botas fuertes . Al salir de Corrientes , se puso las botas , porque en las orillas ya había yacarés , unos cocodrilos de la región . Pero cuidaba mucho sus botas para no ensuciarlas . Así llegó al obraje de su padrino . Una hora después , el padrino ya tuvo que frenarlo . « ¿ Adónde vas ahora ? » , le preguntó , sorprendido . « Al monte . Quiero recorrerlo un poco » , respondió Gabriel . Acababa de colgarse el rifle al hombro . « ¡ Pero , pobre muchacho ! No vas a poder dar un paso . Sigue el camino , si quieres . O mejor , deja esa arma . Mañana te mando con un peón » . Gabriel aceptó . Pero fue hasta el borde del bosque y se detuvo . Intentó dar un paso dentro , y se quedó quieto . Miró con atención aquella masa verde y cerrada , y silbó un poco . Después miró otra vez a un lado y a otro , y volvió a casa bastante triste . Al día siguiente recorrió el camino central durante cinco kilómetros . Su rifle no disparó ni una vez , pero a Gabriel le gustó el paseo . Las fieras iban a llegar poco a poco . Y llegaron la segunda noche , aunque eran fieras muy especiales . Gabriel dormía profundamente . De pronto su padrino lo despertó . « ¡ Eh , dormilón ! Levántate , que te van a comer vivo » . Gabriel se sentó de golpe en la cama . Había tres faroles que se movían de un lado a otro en la habitación . Su padrino y dos peones echaban algo en el suelo . « ¿ Qué pasa , qué pasa ? » , preguntó , y bajó de la cama . « Nada . . . Cuidado con los pies . Es la corrección » . Gabriel ya conocía esas hormigas que allí llaman corrección . Son pequeñas , negras y brillantes . Caminan muy rápido , en ríos más o menos anchos . Comen carne . Avanzan y devoran todo lo que encuentran : arañas , grillos , escorpiones , sapos , víboras . Todos los animales huyen de ellas . Cuando entran en una casa , matan a todo ser vivo . No hay rincón ni agujero donde no entre el río de hormigas . Los perros aúllan , los bueyes mugen , y hay que dejarles la casa . Si no , en diez horas solo quedan los huesos . Las hormigas se quedan uno , dos o hasta cinco días . Cuando lo han comido todo , se van .
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