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Cuando llegaron a la casa , todos supieron por qué Pedrito había estado tanto tiempo escondido . Y todos dijeron que era un loro muy valiente . Desde entonces vivieron muy contentos . Pero el loro no olvidaba lo que le había hecho el tigre . Todas las tardes , cuando entraba en el comedor a tomar el té , se acercaba a la piel del tigre , delante de la estufa . Y lo invitaba a tomar té con leche . « ¡ Rica la papa ! » , le decía . « ¿ Quieres té con leche ? ¡ La papa para el tigre ! » . Y todos se morían de risa . Y Pedrito también . VI . La gama ciega : Las avispas Había una vez una gama , una hembra de venado , que tenía una hija . Cada mañana , cuando salía el sol , la madre le hacía repetir la oración de los venados . Dice así : Primero : hay que oler bien las hojas antes de comerlas , porque algunas tienen veneno . Segundo : antes de bajar a beber , hay que mirar bien el río y quedarse quieto . Así uno sabe que no hay yacarés . Tercero : cada media hora hay que levantar bien alto la cabeza y oler el viento . Así se siente el olor del tigre . Cuarto : antes de comer hierba del suelo , hay que mirar siempre entre las plantas . Allí puede haber víboras . Cuando la gamita aprendió bien la oración , su madre la dejó andar sola . Una tarde la gamita andaba por el monte y comía hojas tiernas . De pronto vio , en el agujero de un árbol viejo , muchas bolitas oscuras que colgaban . ¿ Qué podía ser ? Tenía un poco de miedo . Pero era muy traviesa , y dio un golpe con la cabeza a aquellas cosas . Luego salió corriendo . Después volvió y vio que las bolitas estaban rotas y caían gotas . Muy despacio , probó una gota con la punta de la lengua . ¡ Qué rica ! Aquellas gotas eran miel . Las bolitas eran el nido de unas abejitas sin aguijón , que no pican . Hay abejas así . En dos minutos la gamita se tomó toda la miel . Loca de alegría , fue a contárselo a su mamá . Pero la mamá la riñó muy seria . « Ten mucho cuidado con los nidos de abejas , hija mía » , le dijo . « La miel es muy rica , pero es muy peligroso ir a buscarla . No toques nunca los nidos que veas » . « ¡ Pero no pican , mamá ! » , gritó la gamita , contenta . « Te equivocas , hija » , dijo la madre . « Hoy tuviste suerte , nada más . Hay abejas y avispas muy malas » . « ¡ Sí , mamá ! ¡ Sí , mamá ! » , dijo la gamita . Pero a la mañana siguiente hizo justo lo contrario . Siguió los caminos que los hombres habían abierto en el monte , porque allí era más fácil ver los nidos . Al fin encontró uno . Esta vez las abejas eran oscuras y tenían una rayita amarilla en la cintura . Pero la gamita pensó que estas abejas eran más grandes y que su miel iba a ser más rica .
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