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XII . La batalla del Marne Durante cuatro días , Marcelo vivió como un prisionero en su propia casa . Tenía hambre , porque los alemanes se habían comido todo . Le hacían cavar tumbas en su parque , junto a los árboles . El castillo era ahora un hospital alemán , y llegaban heridos todo el día . Los médicos , vestidos de verde y armados , daban órdenes a gritos . Marcelo tenía unas monedas de oro escondidas en el bolsillo . Intentó comprar pan con ellas , pero nadie quería su oro . El oro ya no valía nada en aquel mundo de locos . Una noche , Marcelo oyó algo nuevo en la oscuridad . Los cañones se oían cada vez más cerca , y los alemanes estaban nerviosos . Los regimientos ya no iban hacia el sur , sino que volvían hacia el norte . « ¿ Qué pasa ? » , pensó Marcelo . « ¿ Están volviendo los nuestros ? » . No se atrevía a creerlo , pero al día siguiente la batalla llegó al castillo . Los alemanes hicieron trincheras en el parque y pusieron ametralladoras en las ventanas . Los soldados se tumbaban en el suelo , detrás de los muros , esperando . Marcelo se escondió en la cueva , donde había pasado aquella noche terrible . Desde allí oía el ruido de los cañones durante horas . Cada explosión le hacía temblar , y las paredes del castillo caían una tras otra . Cuando salió , el sol ya estaba alto y el parque estaba lleno de humo y de muertos . Un oficial alemán con monóculo le vio y le señaló con su revólver . « ¡ Francés ! » , gritó . « ¡ Es un espía ! » . Pero en ese momento llegaron los cañonazos de los franceses . Las balas barrieron la avenida del parque , y el oficial cayó al suelo . Marcelo corrió y se escondió detrás de un muro . Después vio llegar a los soldados de Francia , que venían corriendo con las bayonetas . Gritaban y avanzaban entre los árboles del parque . Los oficiales alemanes lucharon hasta el final con sus sables , porque querían morir . Hubo un choque terrible , y Marcelo cerró los ojos . Cuando los abrió , el parque era francés otra vez . De las cuevas , de los establos y de los árboles salían alemanes con las manos arriba . Los franceses los hacían prisioneros . Era la batalla del Marne . Los alemanes no habían llegado a París , y ahora se retiraban hacia el norte . Marcelo pasó otra noche entre las ruinas de su castillo . Al día siguiente decidió volver a París , porque allí ya no tenía nada que hacer . Por todas partes había muertos , cientos y miles , y las mujeres de los pueblos abrían tumbas en los campos . Un señor de París , que había venido en coche a ver el campo de batalla , le llevó a la ciudad . Marcelo estaba sucio y roto , con media cara morada por un golpe . Cuando llegó a la avenida Víctor Hugo , el portero no le reconoció . « ¿ De dónde viene el señor ? » , le preguntó asustado . « Del infierno » , dijo Marcelo . Dos días después sonó el timbre de la puerta . Entró un pequeño soldado de infantería , con el gorro rojo en la mano . Hablaba en español , en voz baja y tímida . « He sabido que estaba usted aquí . . . Vengo a . . . » . Marcelo conocía aquella voz y llevó al soldado junto a la ventana , para verle mejor . « ¡ Tú ! ¡ Tú ! » , gritó . Era Julio , con un uniforme viejo y demasiado grande para él . Sus zapatos olían a cuero , y su gorro estaba sucio . Pero su padre nunca le había visto tan guapo , ni siquiera en los tiempos del tango .
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