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Julio vino a casa a pasar quince días con su familia . Tenía una herida en el hombro , casi curada . Su madre lloró mucho tiempo abrazada a su cuello . Su padre le llevaba por las calles de París , muy orgulloso . « ¿ No es verdad que se parece a mí ? » , preguntaba a todos sus amigos . « Cuéntanos cómo mataste al capitán alemán » , le pedían . Julio contaba la historia sin muchas ganas . Una mañana fue a explorar las ruinas de una vieja fábrica . Al doblar una esquina , se encontró de frente con un capitán alemán . Los dos se miraron a los ojos , y el alemán buscó su revólver . Pero Julio disparó primero , y el capitán cayó al suelo . Pero había algo que Julio nunca contó a nadie . En aquel segundo , los dos hombres se reconocieron . Julio conocía aquella cara , y el alemán también le conocía a él . Después , Julio pensó que tal vez era uno de sus primos , uno de los Hartrott . Nunca lo supo con seguridad . Al poco tiempo llegó una carta de Elena desde Berlín . El capitán Otto había muerto , y también uno de sus hermanos menores . Doña Luisa lloró mucho por su hermana . Marcelo , en cambio , calló . Julio volvió al frente , y su padre ya no tenía miedo . « A Julio no hay quien le mate » , pensaba . Lo sentía en el corazón . Después , René también fue herido , porque una bomba explotó a su lado . Chichí corrió al hospital y lo encontró con vendas por todo el cuerpo , como una momia . Pero se curó , y Chichí le cuidó con amor y con autoridad . Poco después se casaron , con una boda pequeña y tranquila . Un día , Marcelo vio a Margarita en la calle , vestida de negro . Su hermano había muerto en Verdún . Pero ella llevaba también , bajo el vestido negro , un niño . Iba a ser madre , y Marcelo pensó que algún día ayudaría a aquel niño de los Laurier . Esa misma tarde , al volver a casa , doña Luisa le esperaba en la puerta . « El senador Lacour está aquí y quiere hablar contigo » . Marcelo entró sonriendo en su despacho , pero Lacour estaba muy serio . René también estaba allí , con la cabeza baja . El senador empezó a hablar , pero Marcelo lo comprendió desde la primera palabra . De pronto se oyó un grito terrible por toda la casa . Doña Luisa entró corriendo y sostuvo a su marido , que se caía al suelo . « ¡ Oh , Julio ! » , gritaba el viejo . « ¡ Oh , hijo mío ! » . XIV . Campos de muerte Cuatro meses después , en una mañana de invierno , un coche militar avanzaba despacio por los campos de Champaña . A los dos lados del camino había miles de pequeñas banderas que temblaban con el viento . Parecían mariposas blancas , azules y rojas sobre la tierra . Debajo de cada bandera había una cruz de madera negra . Eran las tumbas de los soldados . « ¡ Cuántos muertos ! » , dijo Marcelo en voz baja . Iba sentado en el coche con su familia , y doña Luisa rezaba sin parar . Chichí miraba los campos con los ojos muy abiertos , y René llevaba un mapa sobre las rodillas . Las dos mujeres iban de negro , y Marcelo también . Parecía mucho más viejo , como una ruina .
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