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« No , señor , Carlos que estudie sus libros , porque el que se casa soy yo » , dijo don Diego . « Bueno , señor , pero ¿ está usted seguro de que ella lo quiere a usted ? » « Claro que sí , porque su madre lo dice , las monjas lo dicen y su criada también . En el convento la niña solo cosía , rezaba y corría detrás de las mariposas en el huerto . Nunca miró a ningún hombre , ni a uno solo . » Entonces don Diego habló de su sobrino con la cara muy seria . « ¿ Sabes que estoy enfadado con Carlos ? El año pasado salió de Madrid para ir a Zaragoza , donde estaban sus soldados . Durante meses me escribía cartas desde Zaragoza , pero no estaba allí . Llegó a la ciudad casi tres meses tarde , y seguro que tenía algún amor por el camino . » En ese momento se oyeron voces de mujeres en la escalera . « Ya están aquí , gracias a Dios » , dijo don Diego . « Busca al cochero , Simón , porque mañana salimos temprano . Y recuerda bien : ni una palabra a nadie . » II . Tres mujeres en la escalera Entraron en la sala tres mujeres con sus mantillas . La primera era doña Irene , la madre , una viuda pobre que hablaba sin parar . La segunda era su hija , doña Francisca , a quien todos llamaban Paquita . La tercera era Rita , la criada , una chica joven , alegre y muy lista . « ¡ Ay , qué escalera tan larga ! » , dijo doña Irene , y se sentó al lado de don Diego . « Bienvenidas , señoras , ¿ cómo ha ido la visita ? » , preguntó él . Paquita llevaba un pañuelo grande con muchas cosas dentro , y lo abrió sobre la mesa . « Mire usted , don Diego , todo esto me han dado las monjas . Tengo rosarios , cruces y una campanita de barro para las tormentas . ¡ Y también una santa pequeña de azúcar ! » « Me quieren mucho todas » , siguió la niña . « Mi pobre tía lloraba tanto al decirme adiós . . . es ya muy viejecita . » Rita tomó el pañuelo con todas las cosas para llevarlo al cuarto . « ¡ Ay , se ha roto la santa de azúcar ! » , dijo Paquita con pena . « No importa , señorita , porque me la como yo » , contestó Rita , y se fue con el pañuelo . Entonces doña Irene empezó a hablar de su familia , como hacía siempre . Habló de su hermana la monja y de su abuela . Habló también de un tío que fue obispo en América y que murió en el mar . « Ahora un pariente nuestro escribe la vida de ese santo obispo » , explicó doña Irene . « Ya tiene nueve libros muy gordos , porque escribe un libro para cada año de su vida . » « ¿ Y cuántos años vivió el obispo , señora ? » , preguntó don Diego . « Vivió ochenta y dos años , tres meses y catorce días . » Don Diego no dijo nada , pero sonrió un poco . Con nueve libros , aquel pariente solo había llegado a los nueve años del santo . Paquita estaba cansada de tantas historias de muertos . « ¿ Me voy , mamá ? » , preguntó dos veces . « Vete ya , niña , pero qué prisa tienes siempre » , dijo su madre . Antes de salir , Paquita hizo un saludo elegante delante de don Diego , como se hacía en Francia . « Para usted un saludo , y para mi mamá un beso » , dijo con mucha gracia , y le dio un beso a su madre . « ¡ Qué niña tan graciosa es ! » , dijo don Diego . Y la miró con cariño mientras ella entraba en el cuarto de su madre .
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