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A primera vista , afirmar que un paseo entre árboles mejora la atención parece una intuición agradable , no una conclusión científica . En 2008 , Marc G . Berman , John Jonides y Stephen Kaplan decidieron poner a prueba una hipótesis más precisa . Publicaron dos experimentos en la revista Psychological Science . Su punto de partida era la teoría de la restauración de la atención . Según esta propuesta , la atención dirigida se fatiga cuando debe controlar distracciones de manera continua . Un entorno natural puede atraer la mirada sin exigir ese mismo control constante . Si el mecanismo propuesto fuera correcto , una breve interacción con la naturaleza debería mejorar el desempeño en tareas que requieren atención dirigida . En el primer experimento participaron 38 estudiantes de la Universidad de Michigan . Antes del paseo , cada persona realizó una tarea de memoria de dígitos al revés : escuchaba una serie de números y debía repetirla en orden inverso . Esta prueba servía como medida de memoria de trabajo y atención dirigida . Después , los participantes caminaron durante 50 a 55 minutos por una de dos rutas de 2 , 8 millas . Una atravesaba el Arboreto de Ann Arbor ; la otra recorría el centro de la ciudad . Una semana después , cada participante hizo la ruta que le faltaba . El orden estuvo contrabalanceado : unas personas hicieron primero el paseo natural y otras , el urbano . Así , el estudio no comparó dos grupos completamente distintos , sino el desempeño de las mismas personas en dos condiciones . Ese diseño reduce algunas diferencias individuales , aunque no elimina todos los problemas posibles . Los autores informaron de una mejora significativa en la tarea de dígitos después del paseo por el arboreto , pero no después del paseo urbano . También señalaron que el resultado no se explicaba por los cambios de estado de ánimo ni por las condiciones meteorológicas registradas . El segundo experimento cambió la forma de contacto . En vez de caminar , los participantes miraron imágenes de espacios naturales o urbanos . Tras las imágenes de naturaleza mejoró de nuevo la tarea de dígitos al revés , y también mejoró la parte ejecutiva de otra prueba de atención . El estudio , por tanto , no dependía únicamente del ejercicio físico de caminar . Conviene no confundir tres afirmaciones . La primera es un dato : en estas pruebas , el desempeño fue mejor después de ciertas experiencias con naturaleza . La segunda es una explicación : los autores interpretaron el resultado mediante la restauración de la atención dirigida . La tercera sería una generalización mucho más amplia : que cualquier espacio natural mejora cualquier capacidad mental . El artículo no demuestra esta última idea . Que el rendimiento mejorara en una tarea concreta no demuestra que el paseo sea un tratamiento clínico . Tampoco permite afirmar , por sí solo , cuánto duró la mejora fuera del laboratorio . La muestra era pequeña , estaba formada por estudiantes y se estudió un efecto inmediato . Estas condiciones delimitan el alcance de la conclusión . Lo que sí permite afirmar el estudio es más interesante que un eslogan . El entorno de una actividad puede modificar el rendimiento observado , y esa posibilidad puede investigarse con comparaciones controladas . Cuanto más amplia y diversa sea la evidencia posterior , más sólida será cualquier generalización .
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