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« No , madre » , contestó Aladino . « Mi falso tío hizo un viaje muy largo solo por esta lámpara . No quiso el oro ni la plata de las salas . Eso quiere decir que vale más que todo el oro del mundo . Y el anillo tampoco me lo voy a quitar , porque me salvó la vida » . « Haz lo que quieras , hijo » , dijo la madre . « Yo no quiero saber nada de genios » . IV . La hija del sultán Cuando se terminó la comida , Aladino salió a vender uno de los platos de plata . Se lo ofreció a un mercader poco honrado , que le dio una sola moneda de oro . Aladino no sabía lo que valía el plato , así que tomó la moneda muy contento . Después le vendió al mismo hombre los otros platos , uno a uno , y al final la bandeja por diez monedas . Cuando se acabó el dinero , frotó otra vez la lámpara , y el genio le trajo otra bandeja igual . Esta vez , la madre salió de casa antes , para no ver al genio . Un día , cuando iba a vender otro plato , un joyero viejo y honrado lo llamó desde su tienda . « Hijo , sé que vendes tus platos a aquel mercader » , le dijo . « Pero él engaña a todo el mundo . Enséñame lo que llevas » . Aladino le mostró el plato y le contó lo que le pagaba el mercader . « ¡ Qué ladrón ! » , gritó el joyero . « Este plato vale setenta y dos monedas de oro . Tómalas » . Desde entonces , Aladino solo le vendía sus platos al joyero honrado . Aunque tenían la lámpara , la madre y el hijo vivían sin lujos , como antes , y ella seguía hilando algodón . Así pasaron varios años . En ese tiempo , Aladino pasaba muchas horas en las tiendas más ricas de la ciudad , donde se vendían sedas y joyas . Oía hablar a los dueños y aprendió sus buenas maneras . Y en las tiendas de joyas supo algo más : sus frutas de colores no eran de cristal . Eran piedras de un valor enorme , más grandes y bellas que todas las de la ciudad . Pero no le contó el secreto a nadie , ni siquiera a su madre . Un día oyó una orden del sultán . Todos debían cerrar sus tiendas y quedarse en casa , porque la princesa Badrulbudur , hija del sultán , iba a ir a los baños . Nadie podía verla pasar . Aladino sintió muchas ganas de ver la cara de la princesa . Se escondió detrás de la puerta de los baños y miró por una rendija . Al poco rato llegó la princesa con muchas criadas . Cerca de la puerta se quitó el velo , y Aladino pudo verla de frente . Hasta entonces , Aladino creía que todas las mujeres se parecían un poco a su madre . Pero la princesa era la joven más hermosa del mundo . Tenía los ojos grandes y vivos , la mirada dulce y la boca pequeña . En ese momento , Aladino se enamoró de ella . Volvió a casa triste y callado . Al otro día , le dijo a su madre : « Madre , ayer vi a la princesa sin velo . La amo tanto que no puedo vivir sin ella . Tienes que ir al sultán y pedirle la mano de su hija para mí » .
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