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« ¡ Qué sensación tan rara ! » , dijo Alicia . « ¡ Me estoy cerrando como un telescopio ! » . Y así era . Ahora medía solo veinticinco centímetros . ¡ Ya tenía el tamaño justo para pasar por la puerta ! Pero , ¡ pobre Alicia ! , había olvidado la llave de oro sobre la mesa . Ahora no podía alcanzarla . Intentó subir por una pata de la mesa , pero resbalaba mucho . Al final se sentó en el suelo y se echó a llorar . « ¡ Vamos , llorar no sirve de nada ! » , se dijo con voz firme . « ¡ Para ahora mismo ! » . Muchas veces se daba buenos consejos a sí misma , aunque casi nunca los seguía . Entonces vio debajo de la mesa una cajita de cristal . Dentro había un pastel pequeño con una palabra escrita con pasas : « CÓMEME » . « Me lo comeré » , dijo Alicia . « Si me hace más grande , podré alcanzar la llave . Si me hace más pequeña , podré pasar por debajo de la puerta » . Y se comió todo el pastel . II . El charco de lágrimas « ¡ Cada vez más curiosísimo ! » , gritó Alicia . Estaba tan sorprendida que olvidó cómo se habla bien . « ¡ Ahora me estoy abriendo como el telescopio más grande del mundo ! ¡ Adiós , pies ! » . Sus pies estaban tan lejos que casi no los veía . « ¡ Pobres pies ! ¿ Quién les pondrá ahora los zapatos ? Les mandaré unas botas nuevas cada Navidad » . Entonces su cabeza chocó contra el techo . ¡ Ahora medía casi tres metros ! Tomó la llave de oro y corrió a la puerta . Pero ahora solo podía mirar el jardín con un ojo , tumbada en el suelo . Se sentó y empezó a llorar otra vez . Lloró litros y litros de lágrimas . Pronto hubo a su alrededor un charco grande que llegaba hasta la mitad de la sala . Después de un rato , volvió el Conejo Blanco , muy elegante . Llevaba unos guantes blancos en una mano y un abanico en la otra . « ¡ Ay , la Duquesa ! ¡ Se pondrá furiosa si la hago esperar ! » , decía . « Perdone , señor » , le dijo Alicia en voz baja . El Conejo dio un salto enorme , dejó caer los guantes y el abanico , y se fue corriendo . Alicia recogió las cosas y empezó a darse aire con el abanico , porque hacía calor . « ¡ Qué raro es todo hoy ! » , dijo . « ¿ Y si he cambiado durante la noche ? Pero si no soy la misma , ¿ quién soy ? » . Pensó en las niñas de su edad . « No soy Ada , porque ella tiene el pelo rizado y yo no . Y no soy Mabel , porque yo sé muchas cosas y ella sabe muy poco . Voy a probar si sé todo lo que sabía . Cuatro por cinco , doce ; cuatro por seis , trece . Londres es la capital de París , y París es la capital de Roma . ¡ No , todo está mal ! ¡ Seguro que soy Mabel ! » . Mientras hablaba , se miró las manos . ¡ Se había puesto uno de los guantes pequeños del Conejo ! « ¡ Me estoy haciendo pequeña otra vez ! » , pensó . Era por el abanico . Lo tiró justo a tiempo para no desaparecer del todo . Corrió a la puerta del jardín , pero estaba cerrada otra vez . Y la llave de oro seguía sobre la mesa .
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