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I . La torre de la catedral La heroica ciudad dormía la siesta . Era Vetusta , una ciudad vieja del norte de España , gris y húmeda . El viento Sur , caliente y perezoso , empujaba las nubes blancas hacia el Norte . En las calles no había gente . Solo corrían el polvo , los papeles y las hojas secas . Y desde lo alto llegaba el sonido de la gran campana . Llamaba a los curas al coro de la catedral . La torre de la catedral era alta , fina y hermosa . Era de piedra y tenía muchos siglos . Desde abajo parecía un dedo que señalaba el cielo . Los vecinos de Vetusta estaban muy orgullosos de ella . Arriba , junto a las campanas , había dos muchachos . Uno era Bismarck , un pillo de la ciudad . Trabajaba en los coches de caballos , pero le gustaba mucho tocar las campanas . El otro era Celedonio , el acólito . Tenía doce o trece años y llevaba una sotana negra , corta y sucia . Tenía una mirada fea , de persona mayor y mala . Estaba sentado en una ventana y escupía a la plaza . « ¿ Tú crees que algún día seré cura ? » , le preguntó Celedonio a su amigo . « ¡ Qué vas a ser tú ! » , respondió Bismarck . « Tú no vales para nada » . Celedonio se rio y tiró una piedrecita a la cabeza de un señor que pasaba por abajo . El señor miró hacia arriba , pero no vio a nadie . De pronto oyeron pasos en la escalera . Alguien subía . Bismarck tuvo miedo y se escondió detrás de la campana . Por la escalera apareció un cura alto , con un manteo negro y muy limpio . Era don Fermín de Pas , el Magistral de la catedral . Celedonio bajó de la ventana . Cruzó los brazos , bajó la cabeza y puso cara de santo . Don Fermín lo saludó con una sonrisa , como si fuera un señor . Después sacó de la sotana un tubo dorado . Lo estiró y se lo puso delante de un ojo . Era un catalejo . A don Fermín le gustaban las alturas . Había nacido en las montañas , y de niño subía a todas las rocas . Ahora subía a la torre . Desde allí miraba Vetusta con su catalejo . Veía los tejados , las ventanas , los patios y los jardines . Veía a la gente de la calle , pequeña como hormigas . Y sentía que todo aquello era suyo . Don Fermín tenía unos treinta y cinco años . Era alto y fuerte , de piel blanca y ojos verdes . Tenía las manos finas , como las de una dama . Era muy listo y hablaba muy bien . Cuando daba un sermón , las señoras de Vetusta lloraban . Era también el Provisor . El obispo era un viejo bueno y débil , y don Fermín mandaba de verdad en la iglesia de la ciudad . Pero don Fermín quería más . Soñaba con ser obispo , con vivir en Madrid , quizá en Roma . Vetusta era su presa , y él era el cazador . Así se sentía allí arriba , con el catalejo en la mano .
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