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« ¿ Vida nueva , hija mía ? » . « Sí , padre , vida nueva » . Don Fermín le cogió una mano y se la apretó con fuerza . Ana sintió calor en la cara , pero pensó que era una tontería . Él era su confesor , su amigo , su hermano del alma . Antes de irse , don Fermín perdió un guante morado en el jardín . Frígilis lo encontró al día siguiente , junto a sus plantas . « ¿ De quién es este guante ? » , preguntó . « De la señora » , dijo Petra . « ¿ No ve qué mano tan pequeña ? » . Frígilis se encogió de hombros y se olvidó del guante . Pero Petra lo guardó en su pecho . Sabía muy bien de quién era . VIII . Santa Teresa Pasó el invierno , largo y lluvioso . En marzo , Ana se puso muy enferma . Tenía fiebre , dolores de cabeza y sueños terribles . El médico , don Robustiano , decía que era culpa de la primavera . Don Víctor estaba muy asustado . Juró que nunca más dejaría sola a su mujer . Pero cuando Ana empezó a mejorar , volvió al Casino , a sus partidas de ajedrez y a sus cacerías . Ana pasaba los días sola en la cama . En esos días , Ana leyó la vida de Santa Teresa , escrita por la santa . La leyó en secreto , porque el médico no la dejaba leer . Al principio las letras bailaban delante de sus ojos . Después pudo leer mejor . Y leyó con pasión , día y noche . Santa Teresa le hablaba como una amiga , desde tres siglos atrás . Le hablaba del amor de Dios , de la oración , del alma que vuela . Ana lloraba de alegría . Por fin había encontrado el gran amor que buscaba desde niña . Era el amor de Dios . Don Fermín la visitaba casi todos los días . Se sentaba junto a la cama y hablaban mucho . Él la animaba en su nueva fe . Ana lo llamaba « mi hermano mayor del alma » . Él era feliz . Nunca había sido tan feliz . Cuando Ana se levantó de la cama , se veían también en casa de doña Petronila . Era una viuda rica y muy devota , amiga de los curas . En Vetusta la llamaban el gran Constantino , porque mandaba en las obras de caridad como un emperador . En su salón , Ana y don Fermín hablaban horas y horas de Dios , de los santos y del alma . Doña Petronila los dejaba solos y sonreía . Un día vino también don Álvaro a despedirse . Se iba de viaje a otras ciudades . Se sentó delante de ella y quiso decir algo grande . Pero Ana lo miró tranquila , sin miedo , con sus ojos grandes y limpios . « Que se divierta mucho , Álvaro » , le dijo . Don Álvaro se levantó , nervioso . Al salir , tropezó con un pavo real disecado , una de las cosas raras de don Víctor . Cuando se fue , Ana sacó un crucifijo y lo besó con lágrimas en los ojos . Llegó el verano , y Ana estaba ya sana . Iba a la catedral todos los días . Hacía obras de caridad con las señoras más religiosas de la ciudad . Hablaba con don Fermín en la capilla , en el paseo , en su casa . Don Víctor se aburría y salía solo .
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