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« Esto no es muy grave » , dijo por fin el cazador . « Pero hay que tener mucha paciencia . Póngale esta crema en los ojos todas las noches . Téngala veinte días en la oscuridad . Después póngale estos lentes amarillos , y se va a curar » . « ¡ Muchas gracias , cazador ! » , dijo la madre , muy contenta . « ¿ Cuánto le debo ? » . « No es nada » , contestó el cazador , y sonrió . « Pero tengan mucho cuidado con los perros . En la otra calle vive un hombre que tiene perros para cazar venados » . Las gamas caminaban sin hacer ruido y se paraban a cada momento . Pero aun así los perros las olieron y las persiguieron muy lejos dentro del monte . Por suerte , las dos pudieron escapar . Todo pasó como dijo el cazador . Pero solo la madre supo lo difícil que fue tener a la gamita veinte días dentro de un árbol hueco , sin luz . Por fin , una mañana , la madre apartó las ramas que tapaban la entrada . Y la gamita salió corriendo con sus lentes amarillos , y gritaba : « ¡ Veo , mamá ! ¡ Ya veo todo ! » . Y la madre apoyó la cabeza en una rama y lloró de alegría . La gamita se curó del todo . Pero tenía un secreto que la ponía triste . Quería pagarle de alguna manera al hombre que había sido tan bueno con ella . Y no sabía cómo . Un día creyó que ya sabía . Empezó a buscar plumas de garza en las orillas de las lagunas , para llevárselas al cazador . Una noche de lluvia el hombre leía en su cuarto . De pronto oyó que llamaban . Abrió la puerta y vio a la gamita . Le traía un pequeño paquete de plumas de garza , todas mojadas . El cazador se echó a reír . La gamita creyó que se reía de su pobre regalo y se fue muy triste . Entonces buscó plumas muy grandes , secas y limpias . Una semana después volvió con ellas . Esta vez el hombre no se rio , porque la gamita no entendía su risa . La otra vez se había reído de cariño . Y le regaló un tubo de caña lleno de miel . La gamita se lo tomó , loca de alegría . Desde entonces la gamita y el cazador fueron grandes amigos . Ella le llevaba siempre plumas de garza , que valen mucho dinero . Y se quedaba horas hablando con el hombre . Él ponía en la mesa un jarro lleno de miel y acercaba la silla alta para su amiga . Pasaban así el tiempo y miraban el fuego , mientras fuera el viento y la lluvia sacudían el techo de paja . Por miedo a los perros , la gamita solo iba en las noches de tormenta . Y cuando empezaba a llover por la tarde , el cazador ponía en la mesa el jarro con miel . Luego tomaba café y leía , y esperaba el « tan , tan » bien conocido de su amiga la gamita . VIII . Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre : La trampa
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