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« Nosotros no perdemos nada » , le dijeron ellos . « Si él vuelve , lo borraremos a usted de la lista y lo pondremos a él » . « Y usted , señor conde » , terminó Patronio , « no quiera que lo tengan por poco prudente . No arriesgue por una cosa dudosa tanto de lo suyo que luego se arrepienta si lo pierde » . Al conde le gustó este consejo . Lo siguió y le fue bien . Y don Juan , viendo que el ejemplo era bueno , lo hizo escribir en este libro con estos versos . « No arriesgues nunca tu riqueza por consejo de quien vive en pobreza » . VIII . El rey moro y sus tres hijos Un día el conde Lucanor le hizo a Patronio una pregunta difícil . « Patronio » , le dijo , « en mi casa se crían muchos muchachos . Algunos son de familias nobles y otros no tanto . Y veo en ellos maneras de ser muy distintas . Dime , con tu buen entendimiento , cómo puedo saber cuál de ellos llegará a ser mejor hombre » . « Señor conde » , le respondió Patronio , « eso que me pregunta es muy difícil . Nadie puede saber con seguridad lo que va a pasar en el futuro . Solo podemos fijarnos en algunas señales , unas de fuera y otras de dentro » . Patronio le explicó cuáles eran las señales de fuera . Eran la cara , el color , la figura del cuerpo y , sobre todo , los ojos y la gracia . La gracia no es lo mismo que la belleza . Hay hombres guapos sin ninguna gracia , y hombres feos que la tienen mucho . Pero todas estas señales son dudosas . Muchas veces unas dicen una cosa y otras la contraria . « Las señales de dentro son más seguras » , continuó Patronio . « Para que entienda cuáles son , le contaré cómo probó un rey moro a sus tres hijos . Quería saber cuál de ellos sería mejor hombre » . El conde le pidió que se lo contara , y Patronio comenzó . Había una vez un rey moro que tenía tres hijos . En su reino , el padre podía elegir cuál de sus hijos reinaría después de él . Cuando el rey llegó a viejo , los nobles de su tierra le preguntaron quién sería el próximo rey . El rey les contestó que se lo diría dentro de un mes . Pasados ocho o diez días , una tarde llamó al hijo mayor . Le dijo que a la mañana siguiente quería salir a caballo muy temprano con él . El hijo mayor llegó , pero no tan temprano como su padre le había dicho . Cuando llegó , el rey le dijo que quería vestirse y que le trajeran la ropa . El infante fue a decírselo al camarero , que era el criado que cuidaba la ropa del rey . « ¿ Qué ropa quiere el rey ? » , le preguntó el camarero . El infante volvió adonde estaba su padre y se lo preguntó . El rey le dijo que quería la túnica . El infante volvió al camarero y le dijo que el rey quería la túnica . « ¿ Y qué capa quiere ? » , preguntó entonces el camarero . Y el infante volvió otra vez a preguntárselo al rey . Así hizo con cada prenda . Iba y venía por cada pregunta , hasta que el rey tuvo toda su ropa . Al final vino el camarero , lo vistió y lo calzó .
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