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VII Triste y ceñudo , como si fuese á un entierro , emprendió Batiste el camino de Valencia un jueves por la mañana . Era día de mercado de animales en el cauce del río , y llevaba en la faja , como una gruesa protuberancia , el saquito de arpillera con el resto de sus ahorros . Llovían desgracias sobre la barraca . Sólo faltaba que se derrumbase su techumbre encima de ellos , aplastándolos á todos . . . . ¡ Qué gente ! ¡ Dónde se había metido ! . . . El chiquitín cada vez peor , temblando de fiebre en los brazos de su madre , que lloraba á todas horas , y visitado dos veces al día por el médico . En resumen , una enfermedad que iba á costarle doce ó quince duros : ¡ como quien dice nada ! El mayor , Batistet , apenas si podía ir más allá de sus campos . Aún tenía la cabeza envuelta en trapos y la cara cruzada de chirlos , luego del descomunal combate que una mañana sostuvo en el camino con otros de su edad que iban como él á recoger estiércol en Valencia . Todos los fematers del contorno se habían unido contra Batistet , y el pobre muchacho no podía asomarse al camino . Los dos pequeños ya no iban á la escuela , por miedo á las peleas que debían sostener al regreso . Y Roseta , ¡ pobre muchacha ! era la que se mostraba más triste . El padre , con gesto fosco y severas ojeadas , le recordaba mudamente que debía mostrarse indiferente , ya que sus penas eran un atentado á su autoridad paternal . Pero á solas , el buen Batiste lamentaba la tristeza de la pobre muchacha . Él también había sido joven y sabía cuan pesadas resultan las penas del querer . Todo se había descubierto . Después de la famosa riña en la fuente de la Reina , la huerta entera estuvo varios días hablando de los amores de Roseta con el nieto del tío Tomba . El carnicero de Alboraya bufó de coraje contra su criado . ¡ Ah , grandísimo pillo ! Ahora comprendía él por qué olvidaba sus deberes , por qué perdía las tardes vagando por la huerta como un gitano . El señor se permitía tener novia , como si fuese un hombre capaz de mantenerla . ¡ Y qué novia , Santo Dios ! No había mas que oir á los parroquianos cuando parloteaban ante su mesa . Todos decían lo mismo : se extrañaban de que un hombre como él , religioso , honrado y sin otro defecto que robar algo en el peso , permitiera que su criado acompañase á la hija del enemigo de la huerta , de un hombre malo , del cual se afirmaba que había estado en presidio . Y como todo esto , en concepto del ventrudo patrón , era una deshonra para su establecimiento , al escuchar las murmuraciones de las comadres volvía á enfurecerse , amenazando con su cuchilla al tímido criado , ó increpaba al tío Tomba para que corrigiese al pillete de su nieto . Total : que el carnicero despidió al muchacho , y su abuelo le buscó colocación en Valencia en casa de otro cortante , rogando que no le concediesen libertad ni aun en días de fiesta , para que no volviera á esperar en el camino á la hija de Batiste .
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