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Desde allí se oían , de tarde en tarde , los gritos de Emma como si los diera con sordina . Marta miraba al italiano con curiosidad maliciosa . « ¡ Cosas del mundo ! » pensaba la alemana , que en el fondo , para sus puras soledades , era más escéptica que Sebastián . « ¡ Este aquí como si nada le importara , y el otro infeliz ! . . . » . Minghetti seguía mojando bizcochos y bebiendo Málaga . Acabó por fijarse en la mirada insistente y expresiva de Marta . Tomó el rábano por las hojas , y acercándose a la rozagante alemana , cuando ella creía que le iba a revelar un secreto , a hacer alguna íntima confidencia . . . , la cogió por el talle y le selló la boca con un beso estrepitoso . El grito de Marta se confundió con otro de los lejanos que lanzaba la parturienta . - XVI - « ¡ Iba a ser padre ! » A tal idea , en su cerebro estallaban las frases hechas como estampidos de pólvora en fuegos de artificio . Con gran remordimiento notaba Reyes que su corazón tomaba en el solemne suceso menos parte que la cabeza . . . y la retórica . Aquella dignidad nueva , la primera , en rigor , de su vida , a que era llamado , ¿ por qué le dejaba , en el fondo , un poco frío ? Sobre todo , ¿ por qué no amaba todavía al hijo de sus entrañas , en cuanto hijo , no en cuanto concepto ? . . . « ¿ Hijo o hija ? Misterio — pensó Bonis , que en aquel instante dudaba de la sanción que la realidad presta a las corazonadas — . Tal vez hija ; aunque , ¡ Dios no lo quiera ! Misterio » . Y levantó el embozo de la cama , y se metió entre sábanas . Aquello de acostarse , siquiera fuese por pocas horas , le parecía algo como una abdicación . « Era el papel de esposo , llegado el trance del alumbramiento , demasiado pasivo , desairado » . Bonis tenía comezón de hacer algo , de intervenir directa y eficazmente en aquel negocio , que era para él de tan grave importancia . Más era : aunque la razón le decía que en casos tales todos los maridos del mundo tenían muy poco que hacer , y que todo era ya cosa de la madre y del médico , se le antojaba que él estaba siendo allí todavía más inútil que los demás padres en igual situación ; que se le arrinconaba demasiado , que se prescindía demasiado de él . Sin embargo , lo que le había dicho D . Venancio no tenía vuelta de hoja . — Usted , amigo Bonifacio , a la cama ; a la cama unas cuantas horas , porque esto puede ser largo , y vamos a necesitar las fuerzas de todos ; y si no descansa usted ahora , no podrá servir como tropa de refresco cuando se necesite . « Bien ; esto era racional » . Por eso se acostaba , porque él siempre se rendía a la razón y a la evidencia , y pensaba rendirse aún más , si cabía , ahora que iba a ser padre y tenía que dar ejemplo . Pero lo que no tenía razón de ser era el despego de todos los demás , Emma inclusive , y las miradas y gestos de extrañeza con que recibían sus alardes de solicitud paternal y marital todos los que andaban alrededor de su mujer . Doña Celestina , la matrona matriculada , que había venido por consejo de D . Venancio ; el marido de la partera , D . Alberto , que también andaba por allí ; Nepomuceno , Marta , Sebastián y hasta el campechano Minghetti , si bien este le miraba a ratos con ojos que parecían revelar cierto respeto y algo de pasmo .
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