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I . Perdido Se puso el sol , y poco a poco llegó la noche , tranquila y oscura . Por un camino estrecho entre prados y robles subía un viajero de mediana edad . Era fuerte y algo gordo , pero andaba con paso ligero . Con su bastón grueso apartaba las zarzas que querían agarrarle la ropa . Estaba en el norte de España , en una tierra de colinas verdes . De pronto se detuvo y miró a su alrededor con impaciencia . « No puedo haberme equivocado » , murmuró . « Me dijeron que cruzara el río por la pasadera , y lo crucé . Después me dijeron que siguiera adelante , siempre adelante , y que así llegaría a las famosas minas de Socartes » . Anduvo un buen rato más y luego añadió en voz alta : « Me he perdido , no hay duda . Aquí tienes , Teodoro Golfín , lo que se consigue con tu adelante , siempre adelante . Una gran mina debería tener chimeneas , hornos , caballos y ruido de máquinas , y yo no veo nada ni oigo nada . Todavía falta media hora para que salga la luna . ¡ Ah , bribona , tú tienes la culpa de que me haya perdido ! » . Siguió andando por unos caminos que subían y bajaban como si quisieran engañarlo . Al final se encontró en una pendiente de tierra suelta y roja , del color del hierro . Sin duda estaba en las minas , aunque no se veía a nadie . No quiso volver atrás , porque él no volvía nunca atrás . Se sentó en una piedra y decidió fumar un cigarro mientras esperaba a la luna . En ese momento oyó una voz lejana que cantaba una canción triste . La última nota se alargaba y se apagaba poco a poco en el silencio de la noche . « ¡ Por fin , gente ! » , dijo el viajero con alegría . « Es la voz de una muchacha , y qué voz tan bonita . Parece que sale de las profundidades de la tierra . ¡ Eh , muchacha , espera , no te vayas ! » . Pero al oír sus gritos , la voz calló . Al poco rato le pareció oír pasos allá abajo , y gritó otra vez preguntando si por allí se podía ir a las minas de Socartes . Le contestó el ladrido furioso de un perro , y después una voz de hombre : « ¡ Choto , Choto , ven aquí ! » . Un perro grande y negro se acercó al viajero , gruñó junto a él y volvió con su amo . Entonces salió la luna , y Golfín vio a un hombre que estaba de pie , muy quieto , en un sendero que cruzaba la pendiente unos metros más abajo . « ¡ Gracias a Dios ! Amigo , ¿ puede decirme si estoy en las minas de Socartes ? » . « Sí , señor , estas son las minas de Socartes , aunque estamos lejos de los talleres y de las oficinas » . La voz era joven y agradable . El joven , sin moverse y sin mirarlo , le explicó que la entrada estaba por el otro lado . Por allí tardarían más , porque tenían que pasar por galerías y túneles . « Yo le guiaré con mucho gusto , porque conozco muy bien estos sitios » , añadió . Golfín bajó como pudo , resbalando en la tierra suelta , y al llegar al sendero miró al joven . Durante un momento se quedó sorprendido .
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