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Por aquella época conoció a un grupo de estudiantes que se reunían en un café del Barrio Latino . Se llamaban a sí mismos los Amigos del ABC . Soñaban con una república y con un pueblo libre e instruido . El jefe era Enjolras , un joven serio y hermoso que solo amaba una cosa : la patria . Con ellos estaban Combeferre , que creía en la ciencia , y el alegre Courfeyrac , que se hizo muy pronto amigo de Mario . Mario escuchaba sus discusiones con interés , aunque no siempre estaba de acuerdo con ellos . A Mario le gustaba pasear por los jardines de Luxemburgo . Allí se fijó en dos personas que se sentaban siempre en el mismo banco : un hombre de unos sesenta años , con el pelo blanco , y una muchacha de unos trece o catorce años , delgada y sin gracia , con un vestido negro de colegio . Mario los llamó en secreto el señor Blanco y la señorita Negra . Durante un año no les prestó atención . Después dejó de ir al jardín unos meses . Cuando volvió , en primavera , el hombre seguía en su banco , pero la muchacha había cambiado . Ahora era una joven alta y bellísima , de pelo castaño y ojos azules , que reía con una alegría tranquila . Un día ella levantó los ojos y lo miró . Fue solo un segundo . Pero desde aquel momento , Mario no pensó en otra cosa . Volvió al jardín todos los días , con su mejor traje . Pasaba delante del banco sin atreverse a hablar . Un día la siguió hasta su casa , en la calle del Oeste , y preguntó al portero por ella . El portero se lo contó al viejo , que empezó a desconfiar del joven . Una semana después , el padre y la hija se mudaron sin dejar dirección . Mario los buscó por todo París durante meses , pero había perdido su pista . X . La trampa de la casa Gorbeau Mario vivía entonces , sin saberlo , en la misma casa Gorbeau donde Juan Valjean y Cosette se habían escondido años antes . En la habitación de al lado vivía una familia muy pobre , los Jondrette : el padre , la madre y dos hijas . Mario apenas los había visto . Una mañana de invierno , la hija mayor entró en su cuarto sin llamar . Era una muchacha flaca y pálida , con la voz ronca y los pies descalzos . Traía una carta para él , en la que su padre le pedía dinero . Mario vio que la letra era la misma de otras cartas dirigidas a personas ricas , cada una firmada con un nombre distinto . Aquella familia vivía de mentiras . Mario pensó en ello toda la mañana . Él también era pobre , pero nunca había sentido la miseria tan cerca . Aquella gente vivía detrás de su pared , a dos pasos de su cama , y él no los había mirado nunca . Se sintió culpable , como si les hubiera robado algo .
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