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El Códice Mendoza puede abrirse hoy en una pantalla , ampliarse y leerse junto a transcripciones y explicaciones . Esa experiencia parece comenzar con una cámara . En realidad , la edición digital publicada en 2015 reunió una reproducción del manuscrito , decisiones editoriales , datos de catálogo , transcripciones , traducciones y una interfaz . Cada capa fue producida por personas e instituciones diferentes . El manuscrito pertenece a la Bodleian Library de Oxford desde el siglo XVII . Sus páginas combinan imágenes indígenas y glosas alfabéticas en español . El objeto conserva materiales , orden y huellas de uso ; una reproducción digital convierte sus páginas en archivos visibles a distancia . La captura registra color y detalle dentro de condiciones técnicas , pero no decide por sí sola qué significa una figura o dónde empieza una unidad de lectura . El proyecto nació como un trabajo de Ernesto Miranda en el programa de Humanidades Digitales de King's College London . Después reunió al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México , la Bodleian , University of California Press y King's . Cada institución aportó imágenes , derechos , conocimientos o diseño , y el resultado dependió de que esas aportaciones pudieran reunirse en una edición común . La transcripción realiza otra operación . Pasa signos escritos a caracteres que pueden copiarse , buscarse o compararse . No equivale a fotografiar : exige leer grafías , conservar abreviaturas o resolverlas según un criterio y marcar dudas . Cuando una palabra es difícil , el editor no recupera una verdad mecánica escondida en los píxeles ; propone una lectura documentada . El proyecto de 2015 permitía recorrer páginas , seleccionar elementos y consultar materiales complementarios . King's lo presentó como una forma de repatriación virtual porque usuarios de México podían estudiar en línea un manuscrito conservado en Oxford . El acceso digital acorta una distancia , pero no transfiere la propiedad ni mueve el objeto físico . Repatriación virtual nombra una posibilidad de consulta , no un traslado jurídico comparable al retorno de una pieza . La digitalización del Códice Mendoza fue , por tanto , una cadena editorial . La Bodleian custodió y describió el objeto ; equipos produjeron y sirvieron imágenes ; especialistas transcribieron y contextualizaron ; instituciones reunieron derechos y conocimientos ; diseñadores convirtieron relaciones en navegación . Escanear fue necesario . La edición comenzó cuando esas imágenes se transformaron en un argumento verificable sobre cómo leerlas juntas . ¿ Qué afirmación pertenece a la imagen y cuál a la transcripción ? ¿ Por qué el acceso digital no equivale a un traslado jurídico del manuscrito ?
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