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— ¡ Comió la avena ! ¡ El hombre viene ! ¡ Viene el hombre ! — lanzó la vaquilla locuaz . En efecto , el hombre acababa de salir del rancho y avanzaba hacia el toro . Traía el palo en la mano , pero no parecía iracundo ; estaba sí muy serio y con el ceño contraído . El animal esperó a que el hombre llegara frente a él , y entonces dió principio a los mugidos con bravatas de cornadas . El hombre avanzó más , y el toro comenzó a retroceder , berreando siempre y arrasando la avena con sus bestiales cabriolas . Hasta que , a diez metros ya del camino , volvió grupas con un postrer mugido de desafío burlón , y se lanzó sobre el alambrado . — ¡ Viene Barigüí ! ¡ El pasa todo ! ¡ Pasa alambre de púa ! — alcanzaron a clamar las vacas . Con el impulso de su pesado trote , el enorme toro bajó la cabeza y hundió los cuernos entre los dos hilos . Se oyó un agudo gemido de alambre , un estridente chirrido que se propagó de poste a poste hasta el fondo , y el toro pasó . Pero de su lomo y de su vientre , profundamente abiertos , canalizados desde el pecho a la grupa , llovían ríos de sangre . La bestia , presa de estupor , quedó un instante atónita y temblando . Se alejó luego al paso , inundando el pasto de sangre , hasta que a los veinte metros se echó , con un ronco suspiro . A mediodía el polaco fué a buscar a su toro , y lloró en falsete ante el chacarero impasible . El animal se había levantado , y podía caminar . Pero su dueño , comprendiendo que le costaría mucho trabajo curarlo — si esto aún era posible — lo carneó esa tarde , y al día siguiente al malacara le tocó en suerte llevar a su casa , en la maleta , dos kilos de carne del toro muerto . LOS MENSÚ Cayetano Maidana y Esteban Podeley , peones de obraje , volvían a Posadas en el Silex , con quince compañeros . Podeley , labrador de madera , tornaba a los nueve meses , la contrata concluída , y con pasaje gratis , por lo tanto . Cayé — mensualero — llegaba en iguales condiciones , mas al año y medio , tiempo necesario para chancelar su cuenta . Flacos , despeinados , en calzoncillos , la camisa abierta en largos tajos , descalzos como la mayoría , sucios como todos ellos , los dos mensú devoraban con los ojos la capital del bosque , Jerusalem y Gólgota de sus vidas . ¡ Nueve meses allá arriba ! ¡ Año y medio ! Pero volvían por fin , y el hachazo aún doliente de la vida del obraje , era apenas un roce de astilla ante el rotundo goce que olfateaban allí . De cien peones , sólo dos llegan a Posadas con haber . Para esa gloria de una semana a que los arrastra el río aguas abajo , cuentan con el anticipo de una nueva contrata . Como intermediario y coadyuvante , espera en la playa un grupo de muchachas alegres de carácter y de profesión , ante las cuales los mensú sedientos lanzan su ¡ ahijú ! de urgente locura . Cayé y Podeley bajaron tambaleantes de orgía pregustada , y rodeados de tres o cuatro amigas , se hallaron en un momento ante la cantidad suficiente de caña para colmar el hambre de eso de un mensú .
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